Se asoma uno... cierro los ojos. Los cierro porque no quiero ver mi imagen en el espejo, esa que me atormenta todos los días, esa que logra que desvíe la mirada de mi propio reflejo. Que quiera desaparecer.Vuelvo a ahuyentarlo, no voy a poder dormirme. Pensá en otra cosa, dale. Sonrío.
Me acuerdo de su sonrisa y sonrío. Su voz, que me hace reir, que me hace perder el control de mi propia respiración y hace que tenga que luchar por conseguir una bocanada de aire entre tantas risas, entre tanta felicidad. Me alegra pensarlo, quererlo. Lastima que él no te quiera ni un poco. Dejá de perder tiempo pensándolo, es sueño que te está quitando. Cierro los ojos, intento relajarme pero hay más pensamientos haciendo fila para atormentarme, para subirse a la montaña rusa en la que se ha convertido mi mente.
"Creíste que ibas a callarnos tan fácilmente?" Que ingenua.
Empiezo a marearme de tantas vueltas, ya comienzo a sentir aquel malestar en el pecho, esa sensación de querer vomitar todo lo que uno tiene dentro. No son más que las reflexiones en mi cabeza esperando para salir y estar frente a mi cara, que los reconozca y los sufra, que sienta que me decepcioné a mi misma, que de repente quieras frenar y olvidarte de todo, bajarte de esa calesita en movimiento.
Cierro los ojos para no verme, pero el recuerdo del último encuentro sigue latente y aparece, vívido. Quiero abrir los ojos y ver los suyos, quiero volver a sonreír.
Ver a mis amigas siempre me pone feliz, pensar en ellas espero que también lo haga. Ya todo va a calmarse, va a desvanecerse, pero ellas van a seguir estando ahí para vos. Firmes, para festejar contigo que el tornado que giraba alrededor de tu cabeza desapareció finalmente. Pero hasta que eso pase tengo que lidiar con tantas cosas, enfrentarme a tantos problemas. ¿Y quien dice que no voy a perderlas, si ya me perdí a mi misma tantas otras veces?
En realidad, esta vez, solamente perdí el rumbo. Yo sigo en pie por ahora, más firme que muchas otras veces. Al parecer la experiencia sí nos hace más fuertes.
La perseverancia y la pasión que me guiaban, no sé donde quedaron. Es como si Dios, o lo que sea que rige este mundo enloquecido, estuviera poniéndome a prueba el hecho de si soy o no soy merecedora de tener impresas aquellas palabras en mi piel. Desde que las llevo conmigo, parecen haber perdido el sentido. Y quiero recuperarlo. En nombre de todos a quienes decepcionaría si no lo hiciera, especialmente a mi persona. Aquella que tiene tantas cosas en la cabeza que no encuentra el silencio, aún cuando no hay ni una sola voz, ni una sola onda de sonido vibrando cerca de ella. El ruido proviene de su interior y ella es la única que puede hacerlo callar.
Silencio. Quiero dormir ahora.
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