7.12.10

open minded

Momentos como la cena de ayer son los que hacen que quiera vivir a pleno mi vida. Logran que desee con todas mis fuerzas levantarme de esa silla y salir al mundo, conocer todos aquellos lugares en mi bucket list, aprender tantas cosas nuevas que mi cerebro se quede sin más lugar (especialmente para los malos recuerdos).
Tuve la oportunidad de compartir una conversación llena de conocimiento, de consejos y de puntos de vista, con gente que me abrió la cabeza con forceps. Estoy muy contenta de haber decidido unirme a esa cena y no haberme perdido algo tan interesante.

6.12.10

llegá

¿Cuando va a terminar este año (de mierda)?
En uno de esos momentos en que uno se queda mirando el cielo y analizando su vida, me di cuenta que este año lloré. Basicamente, eso fue lo que hice durante el año. Resumiendo.
Lloré como hace mucho tiempo no lloraba. Solía tener problemas para descargarme, solía hacer fuerza sólo logrando que me caiga una misera lágrima, solía rogar poder llorar.
Se ve que este año vino tormentoso, húmedo.
Nunca son buena noticias que lo que caracteriza un período son las lágrimas. No fue un buen año. Fue un año lleno de cambios, positivos, sí. Pero no logro ver la felicidad en este momento turbulento. Lo único, y cuando digo único es literalmente lo único, que me hace mostrar los dientes en una sonrisa honesta es saber que conocí gente muy linda.
Pero no lo siento como suficiente, no aguanto a que termine este año, y deseo con todas mis fuerzas que el próximo no me golpee tanto en la cara.

2.12.10

ciudad desierta

Sola. Bajando las escaleras. Una lágrima rebelde logra escaparse, y abre aquella puerta que últimamente creo haber olvidado cerrar. Me hacen perder el equilibrio y caigo sentada en las escaleras en las que alguna vez me senté con la sonrisa más grande del mundo. Pero ese recuerdo estaba repleto de voces, gritos y risas, pues estaba rodeada de mis nuevos y tan queridos amigos. Esta vez, no había ni un sólo par de piernas que viera pasar a la altura de mis ojos. Ahi sentada, me sentí más sola que nunca.
La noche había llegado y yo seguía ahí. Empapada de aquel sudor que me acompañó durante la espera, la maldita espera. El calor era sofocante, creí perder el conocimiento, la falta de aire me golpeaba los pulmones. Mis neuronas se habían adormilado ya, debido a que estaba sin alimento, con estrés y mucho esfuerzo. Empapada, también, debido a las lágrimas que me mojaban las mejillas y caían sobre mi falda. No lograba detenerlas.
Qué imagen más triste. Sola.
Fue la primera vez que lloré en público, la primera vez de muchos años. La gente dentro del colectivo giraba la cabeza y se preguntaba que sería lo que me pasaba.
La noche hacía que todo se sienta más solitario, y a la vez era la única que me acompañaba en ese momento.