Esas marcas inborrables que te dejan determinadas situaciones, que por más buenas o malas que sean, quedan como parte de nuestra historia. Es imposible disimularlas, esconderlas o olvidarse de ellas; si son buenas, imposible es no recordarlas de vez en cuando para dejar escapar una sonrisa. Lastima que en mi caso son más las que me infligieron dolor, muchas que me hicieron mal, y algunas que me recuerdan momentos que no deseo volver a vivir. Lo único reconfortante es que por más que vuelva a pensar en ellas, las reviva, o caiga en lo mismo, el dolor ya está anestesiado, por más fuerte que sea. Ya no hay dolor, ni va a haber. No solo no me duele a mí, ya no hay nadie a quien pueda dolerle y quien pueda recrimitarme mis actos y sus consecuencias.
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